Escuché alguna vez que al miedo lo vence las ganas de vivir, de sentirse vivo. Cada día puede ser el último, y hay que vivirlo como si el mundo fuera a acabarse en cuestión de horas. Ir a acostarnos y no levantarnos nunca más. Irnos de viaje y no volver a pisar nuestra casa. Saludarnos con amigos sin saber que esa, por menos especial que sea, puede llegar a ser la última vez que nos veamos.
Por eso mismo, tengo miedo. ¿Y si no hay mañana? Vos me prometiste que ibas a volver, mañana. Que todo iba a ser perfecto, mañana. ¿Y si ese día nunca llega? ¿Y si es demasiado tarde?.
No quiero perder un minuto más sin estar con vos.







